Por: Mariano Pussetto

Niños, artistas, músicos, artesanos, militantes, familias, organizaciones barriales, trabajadores, estudiantes, nadie faltó en la Gran 7.

La heterogeneidad de los marchantes se unía en el concepto del pedido. En el aire flotaba un ambiente festivo, y aunque no era la efectiva derogación del código de faltas lo que se respiraba, sí eran miles de personas unidas por esa causa, y eso alegra, aunque no alcance.

La marcha ofreció exquisitas intervenciones artísticas que instan a la reflexión sobre los atropellos que reciben cientos de pibes todos los días en manos de la autoridad policial y un código de faltas que los avala. No se ausentaron canciones, ni colores, ni consignas. Eso es la Marcha de la Gorra, la que visibiliza que los derechos no son para todos iguales, y la que lucha por eso.

Los hechos de violencia sucedidos no van a ser festejados por ninguno de los que vivimos la Marcha de la Gorra como lo que en verdad fue. Pero sí habrá quién lo festeje. Ahí están La Voz del Interior y Cadena 3, poniendo el árbol en el lugar perfecto para tapar el bosque. Los mismos que no hablaron nunca del narcoescandalo, aunque sí le dieron lugar a la nueva ministra de seguridad para decir que era una movida mediática.

La mañana del 21 ofreció un montón de ciudadanos 2.0 súper críticos de la realidad de su provincia, esos de perfil reflexivo -nada que una bala no solucione-, esos que, con brillante lucidez mental, muestran que no alcanzará con la derogación del código de faltas para terminar con 200 años de discriminación. La falta de reflexividad que se imprime en estos casos es la que empaña una movilización que celebró el compañerismo en la lucha.

La desigualdad social tiene una sociedad cómplice. La que necesita saberse superior, porque teme que en la igualdad se luzca su ignorancia.

La desigualdad social tiene un gobierno cómplice. El mismo que silencia y mantiene el silencio, el mismo que reprime y hace desaparecer.

La desigualdad social tiene medios de comunicación cómplices. Los mismos que hoy, un día después de la marcha, solo hablaron de las pintadas en la catedral.

Lamentablemente los que manejan estos medios continuarán con su poder estigmatizador, los bolsillos anchos y las narices blancas. Mientras tanto los invisibles seguirán ahí, condenados por una sociedad toda.

La cobertura que le otorgaron estos medios a la Marcha de la Gorra se canta sola: “violencia es mentir”.

Quedarán sensaciones, muchas y de todo tipo. Me quedo con la legitimidad del simbolismo en la gorra, ese que, con orgullo, nos iguala en la heterogeneidad.

TU SEGURIDAD NOS LIMITA…, NUESTRA RESISTENCIA ES INFINITA.